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Nuestra Infancia, un patrimonio infinito

Lic. María Gabriela Martínez


Imagen 1. Niños de la comunidad de Los Rosales, representando Los Zaragozas en el IPC. Año: 2009. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

La memoria habita espacios gráciles en los que germinan sueños e ilusiones. La memoria es la fuerza que construye y la raíz que sostiene nuestra identidad. Somos mucho a partir de nuestra memoria colectiva y somos muy poco sin ella. La memoria es referente del alma, y sólo desde su aprehensión estamos más cerca de ser lo que aspiramos como individuos y como sujetos sociales. El patrimonio cultural, expresión de la memoria, representa nuestras subjetividades ante el mundo, y en estos tiempos de redes sociales y espacios cibernautas, es ineludible que sea concebido e interpretado desde la función social que le es propia, y a partir de las formas de los nuevos tiempos. Asimismo, el patrimonio cultural debe asumir un amplio compromiso político en aras de colaborar en el logro de las transformaciones sociales que merecemos. Esa es la ruta y el destino.


Imagen 2. Clases de oratoria y expresión corporal. Proyecto Pedagógico del IPC. Año 2015. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

El patrimonio cultural venezolano está constituido no sólo por las obras creadas por el ser humano sino también por las intervenciones y manifestaciones asociadas a la naturaleza. Lo conforman un conjunto de ideas, creencias, objetos, estructuras de uso cotidiano, religioso, simbólico, comercial, económico y político, que dan cuentan de tiempos pasados o son característicos del funcionamiento actual de un grupo social. En nuestro caso particular, los bienes culturales que componen el patrimonio cultural venezolano forman un legado de una riqueza histórica y cultural extraordinaria.



En la actualidad, tanto para las y los responsables de la gestión del patrimonio cultural del país, así como para la colectividad en general, el conocimiento y la valoración de las expresiones culturales de los pueblos, deben ser factores indispensables en el proceso de fortalecimiento de los sentidos de identidad y pertenencia, en las y los ciudadanos y en la preservación y salvaguardia de sus bienes patrimoniales.


El resguardo y preservación del patrimonio de un país no se logra sólo a través de leyes o normativas aplicadas por las instituciones oficiales; más importante, su concreción demanda la corresponsabilidad asumida por cada uno de los habitantes de una región, un estado, un municipio o del país entero. En este sentido, es necesario crear, mediante un trabajo de difusión entre niñas, niños, adolescentes y adultos, una conciencia colectiva que mire con orgullo las evidencias del pasado y las manifestaciones culturales del presente, y que en esa medida sepa cuidar su patrimonio cultural, defenderlo, y exaltarlo.


En el patrimonio cultural nos asentamos para reconocernos, para saber quiénes somos; quiénes no somos, y quiénes queremos que sean nuestros hijos. El patrimonio resguarda aspectos muy importantes de nuestras vidas, incluso desde los momentos cotidianos vinculados a nuestra infancia. Una conciencia plena sobre nuestro acervo y sus significados, ha de coadyuvar a mejorar nuestra calidad de vida, a reafirmar nuestra autoestima, y a actuar con más seguridad y empoderamiento, ante los retos y avatares que puedan presentarse.


Imagen 3. Robert Izaguirre “Diablo Mayor” y niño de la comunidad de Naiguatá. Encuentro de Diablos Danzantes en Naiguatá. Año: 2009. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

Hoy día, nos es común, observar imágenes provenientes de diferentes partes del mundo, que nos estremecen: niñas y niños víctimas de guerras y explotación; desnutridos y enfermos. Un niño humillado, deambulando en la oscuridad y excluido del sistema escolar, no puede ser el balance de nuestra responsabilidad con los tiempos por venir, ni tampoco con el presente que vivimos. Cada una de nosotras y nosotros, puede contribuir a mejorar esta situación, si enfocamos nuestros esfuerzos en el fortalecimiento de un orden social más compasivo, protector e igualitario. Estamos comprometidos con un sistema en el que se respeten y protejan los derechos de las niñas y niños; un patrimonio inagotable y que tenemos en nuestras manos.


El futuro de las niñas y niños de Venezuela está estrechamente ligado al de las formas culturales que nos definen, desde la diversidad que nos constituye, y por tanto desde el enorme potencial que la educación, el ejemplo y la tradición oral poseen. Así mismo, las culturas como el entramado de sus memorias, no existen sin las personas que las recrean, transmiten y valoran. Es por ello, que se hacen necesarias para la gestión del patrimonio cultural, formas de protección y salvaguardia atractivas e incluyentes, desde una estrecha relación entre las comunidades y el Estado. Estos acuerdos, impulsados desde las demandas y expectativas del poder popular, en consonancia a la legislación correspondiente, son prescriptivas pero también deben ser liberadoras y generadoras de estimulo, para las capacidades participativas y creadoras, especialmente de los jóvenes. La valoración y transmisión intergeneracional de los conocimientos tradicionales y de nuestras memorias colectivas, apuntan como los elementos más trascendentales en el ejercicio de un compromiso honesto y consecuente con nuestro país y con el patrimonio cultural compartido.

Imagen 4. Taller: Danzando con los Diablitos. Plan Vacacional comunitario. Proyecto Pedagógico del IPC. Año 2014. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

Educación y Patrimonio constituyen un binomio emergente en el sector de las políticas culturales, porque sólo partiendo de la apropiación por parte de la ciudadanía de los valores culturales inherentes a los bienes patrimoniales puede vislumbrarse un horizonte de sostenibilidad en la gestión de los mismos. Por esto, porque solo se protege y conserva lo que se conoce y se valora, es por lo que las administraciones públicas e instituciones garantes de la salvaguarda del Patrimonio Cultural llevan a cabo nutridos programas de actividades destinadas a la formación de los ciudadanos en la importancia de la investigación, protección y conservación de los bienes culturales. Estas actividades, junto a la inclusión en los currículos de los diferentes niveles educativos de contenidos relacionados con el Patrimonio, muestran el interés existente, tanto en el colectivo de gestores culturales como en el de educadores, en el desarrollo de estrategias encaminadas a la promoción de la educación patrimonial.


Ha sido mi aspiración, que con el desarrollo de diferentes propuestas las niñas y los niños, puedan apreciar el aporte que las sociedades y grupos de raíz tradicional, han hecho, y continúan realizando al país. Considero que la construcción de estos vasos comunicantes no sólo podrán traducirse en estrategias que coadyuven al fortalecimiento de referentes identitarios y del sentido de pertenencia en el seno de la población seleccionada, sino que además, podrán desde el reconocimiento y valoración de la interculturalidad, traducirse en espacios y argumentos a favor de la generación de valores como el respeto, la solidaridad y la promoción de la justicia y la paz.


Fue el año 1999, tiempo en el que comienzo mi tránsito por este mundo que me llena plenamente. En esa oportunidad me pidieron realizar un proyecto educativo para el Cuartel San Carlos, que consistía en la realización de visitas guiadas, actividades pedagógicas y culturales. Este proyecto fue el inicio de una vida entregada al patrimonio cultural y más específicamente a la formación. A partir de allí, he trabajado en la puesta en uso social del patrimonio cultural venezolano, ámbito desde el que me he dedicado al montaje de exposiciones, la conceptualización de talleres y actividades, la conceptualización de talleres y actividades didácticas-recreativas. He procurado que el público receptor, acceda al patrimonio cultural de manera directa, clara y honesta. Esta orientación, me ha permitido que las personas, desde la consideración de sus particularidades, y especialmente la población infantil establezcan formas diversas de conocer el pasado, para entender su presente, y en esta medida, alcanzar desarrollo social y sostenido en el futuro.

Imagen 5. Taller de elaboración de Caballito tradicional, juego tradicional. Plan vacacional comunitario del IPC. Año 2016. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

En este sentido, considero vital la siembra de tales fundamentos en la población infantil. Precisa hacer que las niñas y niños participen de las dinámicas didácticas, apostando porque dicha semilla prospere dentro de cada uno de ellos. Sólo desde esta estrategia se irá desarrollando una identificación con sus valores culturales locales, regionales y nacionales. En este sentido, es posible fortalecer el amor por lo propio, promoviendo adultos sensibilizados hacia su patrimonio cultural, desde la infancia. Es esto tan importante para mí; representa tanto lo que quiero ser y brindar, que por el patrimonio cultural y nuestras niñas y niños me he esforzado y trabajado continuamente por más de 20 años.



No obstante, los éxitos pueden dejar espacios para las derrotas, que como sabemos, aunque dolorosas, son las experiencias que más nos enseñan. Muchas de las propuestas o actividades fracasan porque las personas que las ejecutan no están preparadas para tratar con la diversidad y particularidades de los públicos. Irremediablemente se crea un desencuentro que no permite lograr lo planificado, y es lo que comúnmente llamamos una pérdida de tiempo, esfuerzo e incluso de dinero. Básicamente sobre la idea, desde el año 2001, he generado progresivamente y en constante proceso de autorreflexión, revisión y monitoreo, las siguientes actividades destinadas a la puesta en uso social del patrimonio cultural venezolano para público infantil desde el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC).


Entre las más significativas:


Arqueólogos por un día: Busca promocionar y divulgar el patrimonio arqueológico, destacando el valor cultural, histórico y estético de nuestro pasado. Aproxima a los niños y jóvenes a la disciplina arqueológica, al desarrollo de técnicas de excavación, el empleo de métodos de análisis de objetos y espacios, y la interpretación de procesos históricos.



Brigadas patrimoniales: Son una estrategia de trabajo con las comunidades donde voluntariamente, se agrupan colectivos infantiles que bajo los principios del reconocimiento, valoración y socialización del patrimonio cultural local, trabajan de manera autosostenida, siempre en el anhelo de fortalecer sus marcos identitarios para proyectarlos al futuro.


Imagen 8. Juramentación Brigada patrimonial “TaraTara”. Inauguración Parque Arqueológico y Paleontológico Taima Taima. Estado Falcón. Año: 2005. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

Ludoteca Comunitaria “La Zaranda”: dirigida a niñas, niños y adolescentes. Su implementación se fundamenta en el desarrollo del proceso enseñanza–aprendizaje sobre el patrimonio cultural venezolano; a través de juegos, juguetes y demás recursos materiales adecuados. Su principal objetivo es: coadyuvar en la construcción del conocimiento ―en este caso sobre el acervo cultural que nos define y colma de identidad― mientras se mantiene viva la curiosidad, la creatividad y el entusiasmo.



Por otra parte, en el año 2010, estuve de comisión de servicio en el Centro de la Diversidad Cultural (CDC), y allí me relacioné con el patrimonio cultural inmaterial de manera más directa. Conocí su colección etnográfica, la que forma más tarde, incorporé a mi objeto de estudio en proyecto de tesis doctoral. Mi estancia de un año en el CDC, me permitió conceptualizar y desarrollar un Proyecto Expositivo y Pedagógico para el CDC, que tuvo entre otras actividades, el diseño, elaboración y desarrollo de diferentes actividades lúdico−educativas: "La Diversidad Cultural en la pared"; Proyecto de sensibilización de la Comunidad Educativa; Investigación, diseño, así como el desarrollo de propuestas museológicas para población infantil y para personas con discapacidad visual.


Imagen 11. Dibujo que representa tres Diablos Danzantes de Yare, elaborado por estudiante de 6to grado de la U. E. CONAC. Año. 2010. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

Con resultados siempre satisfactorios, estos esfuerzos, me han permitido llegar a más personas y a pensar desde la consideración de la voz de los participantes, en nuevas alternativas para aprovechar mucho más los encuentros entre las instituciones y los visitantes. Valga decir, con estas iniciativas, creo, hemos llegado a más personas de las que se planifican, ya que las actividades no se quedan circunscritas a los infantes. La experiencia también afecta, en sentido positivo, a los docentes, a los padres y a todos aquellos a los que las niñas y niños, les comparten sus experiencias. Las actividades de puesta en uso social se traduce finalmente en una cadena de agentes multiplicadores del patrimonio cultural. Algo que nos enorgullece y compromete aún más.


El patrimonio cultural como experiencia de equipo constituye un factor importante en la evolución de cada participante. Significa una alternativa en la educación para la paz y los derechos humanos. Con este tipo de acercamiento se busca estimular valores positivos, que permitan regular nuestra conducta para el bienestar colectivo y una convivencia más armoniosa. Además de desarrollar en los participantes un sentido de pertenencia e identidad sobre nuestro país, su gente, sus costumbres; su patrimonio cultural. Es por ello, que considero vital asumir, la gestión del patrimonio cultural como una construcción social e histórica, siempre democrática y firmemente atada a la idea de un país colmado de espacios de paz, justicia, felicidad y diversidad cultural, comprometida con sus niñas y niños, que a fin de cuenta son nuestro patrimonio cultural más importante; un patrimonio venezolano infinito.


Imagen 12. Cierre del Plan Vacacional comunitario del IPC: Diversiones patrimoniales. Villa Santa Inés. Año 2015. Foto: Ma. Gabriela Martínez.

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